Languedoc tiene su alma orientada hacia la tierra y no hacia el mar como es el caso de su vecina, la Provenza. La bouillabaise, el suculento platillo marsellés es el supremo regalo del mar provenzal como la “Cassoulet de Castelnaudary” es el regalo de la tierra en Languedoc. Este potaje de alubias, ancas de ganso, salchichas y tocino de Toulouse debe servirse en una cazuela de barro, si es posible del Tarn. Y mejor aún, acompañado por un tinto Malepère de Carcassonne, dicen los expertos.
Puebleando en la Occitania
