Las cavernas donde comenzó la historia del arte

De la pequeña y deliciosa ciudad de Sarlat en el sur de Francia, al parque de Les Eysies de Tayac, es un emocionante trayecto de media hora para descender desde la Edad Media hasta los abismos de la prehistoria donde vivieron nuestros tatarabuelos cromañón hace veinte mil años.

En Les Eysies, además de entrar en algunas cuevas con dibujos y pinturas rupestres, debemos visitar el Museo Nacional de la Prehistoria, el más rico en el mundo con objetos del Paleolítico: piedras, burdas navajas de pedernal, puntas de flecha, toscas rocas talladas a base de ser golpeadas por otras rocas y darles así alguna forma de herramienta útil para cortar la piel de un venado o la carne de un bisonte. Veremos también las más antiguas agujas de hueso y una que otra de espina milagrosamente conservada en la sombra de la cueva después de doscientos siglos. Todas estas piezas pueden parecer banales y aburridas a muchos viajeros desprovistos de la curiosidad despierta y agudizada como para curiosear, asombrarse y ‘enternecerse’ entre los ‘triques’ del desván olvidado de los archi, archi abuelitos de nuestros más remotos antepasados. Es muy importante mentalizarnos, infiltrarnos con otra visión de la historia y el arte cuando lleguemos a estas tierras, estas cuevas y este museo. Hay que llegar aquí con las neuronas muy despiertas, nuestra capacidad de gozo bien abierta como los ojos de un niño y el corazón dispuesto a sorprenderse para abrazar el esfuerzo de aquellos antepasados nuestros que comenzaron a labrar un camino que jamás imaginarían donde llegaría.

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